Carta numero dos...
Siempre me rehusé a volverme un tío de bar, de cama en cama y copa en copa; buscando consuelo engañado en el cuerpo de tantas otras tan solo para imaginarme que aquellos rincones de ese cuerpos eran tuyos. Engañando a mi consciencia queriendo que se tragase el cuento de que el aroma de su pecho figuraba tanto al que desprendía tu pelo. No sabiendo que tanto golpe bajo y copas derramadas solo lograba mas larga mi agonía y mas profunda la sombra de tu recuerdo.
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