II
¿Quién o qué soy?
¿Qué es esa efervescencia
aquella que me turba todo el tiempo?
¿De dónde viene la tristeza
que me acompaña cada momento?
Desconozco los sonidos
de las palabras amorosas,
y el reflejo que recibo
es el de sombras engañosas.
Escucho mi voz a lo lejos
pero no conozco su color,
sé que las lágrimas en mis ojos
ruedan sin cesar y sin valor.
Para fulano, soy un lastre
para mengano, un perdedor.
Ven en mí a un gran desastre
y nulas veces, al ganador.
Mil adjetivos nublan mi juicio
y de mi mente hacen tormento
del auto amor se ha hecho vacío
carcomiendo el pensamiento.
Si existe un Dios yo le pregunto:
¿de cuál crimen me ha acusado?
sí hasta el peor prisionero tiene derecho
a conocer el nombre de su gran pecado.
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