En buena hora ha venido,
en mejor tiempo ha llegado,
y ante el juez he comparecido
para poner nombre
a mi peor pecado.
En fragmentos e imágenes
se desbordan mis pesares,
recordando los desdenes
que he cometido hacía mis pares.
Durante años he cogido
la feroz lanza del verdugo
imaginando a un enemigo
que de mi mente hace yugo.
Ese vacío amenazante
que con la muerte viene presente
se acrecienta, desbordante
con paso firme e inclemente.
Recordando aquella hazaña
de tristezas y premura,
tantas veces la locura
con disfraces de escapismo
le ha tejido a la cordura
su salida del abismo.
Y para mí, que en vida he visto
a mis amores morir mientras asisto
a funerales eternos y dolientes
presas de fiebres y fulgores
figuran en el purgatorio de sus adioses.
La sentencia se ha dictado
y sin saber si bien se me ha juzgado
los infiernos nuevamente he presenciado
negándome la dicha eterna
de aquel descanso prometido, anhelado.
Sé que serás una estrella en el cielo de alguien más, pero ¿por qué? ¿Por qué, por qué no puede ser, oh, no puede ser mío?
lunes, 8 de noviembre de 2021
El juicio
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