jueves, 22 de noviembre de 2012

Esta sed de nostalgia e inspiración, de calles vacías que transmiten fantasmas llamados recuerdos. ¿Paranoia? ¿Alucinaciones? ¡Qué mas da! Quizás he pensado tanto en ti que tu alma me sigue a todos lados. Cuando esa brusca sensación de arruinar lo que amas, de vació hediondo y putrefacto abarca cada segundo... Porqué todos matan lo que aman, está escrito... Y yo te mate a ti. Y en ese entierro no hubo flores, no hubo puños de tierra que cayeran sobre tus huesos desnudos, no hubo café azucarado pero si muchas lagrimas dolientes y perdidas. Si, yo te mate a ti, quizás así duela menos.

martes, 20 de noviembre de 2012

Me encanta la gente que desborda pasión en lo que hace, cuya intensidad puede subir mas nunca bajar llegando a rozar casi con una especie de lujuria... 

Sin embargo, no soporto a las personas tibias.

Las señales de la tormenta

Te quedaste con el recuerdo de lo que llego a ser e ignoraste lo que mostró tanto tiempo. Pasaste cada noche agonizando entre pensamientos donde compartías tu cama y tus besos con ella, conteniendo las ganas de gritar cada de que por tu mente cruzaba la imagen de tu gran amor con su gran amor. Y el desencanto que sentías al volver a verle después de tanto tiempo transcurrido pues aquello en lo que invertías tus deseos, tus penurias no era más que un recuerdo cada vez mas débil, cada vez más tenue, alimentado de la obsesión de poseería una vez más, de estar dentro de la mujer que añorabas, esa que solo existe ya en tu recuerdo y suples día con día con una de las tantas putas de la esquina de aquel bar...






Fue un día que duro un año?

No recuerdo si tu adiós fue el día de tu partida ó cuando aun te encontrabas aquí. No recuerdo tampoco si tus ojos eran marrones ó azules, conservo ya tan solo la impresión de tu mirada. 
He perdido la noción de si emprendiste el viaje sin retorno hace un par de días o hace varios siglos, si algún día te conocí estrechándote en mis abrazos ó si tan solo fue una vaga alucinación. He olvidado ya el olor a tabaco de tu presencia, de cacao dulce de tu cabello y el brillo amielado de tus ojos vacíos.  Pero conservo la calidez de tu cuerpo junto al mío tanto que cada noche insomne, cada frió llegar las invoco como si fuesen mias, tal cual si aun existieras.



Del amor y otros engaños

Descubrí que despertar a tu lado no era mejor que lo visto en sueños, que tu nulo romanticismo me hacia caer bruscamente a la realidad. Descubrí que antes de que todo acabara ya había entendido que nuestro destino no era estar juntos y si, quise aferrarme al recuerdo de aquello que fue por un par de días como sostener el peso del mundo con un algodón de azúcar, pero cuya voluntad fue quebrantada el día que decidiste huir.
Y los instantes se convirtieron en obsesiones y el amor en masoquismo, los besos en simples conversaciones vacías tejidas con una lengua que ya carecía de significado; las caricias entre cenizas, sabanas alborotadas y bebidas alcohólicas fueron el regalo que obsequiaste a tus amores de una noche y yo pase a ser tan solo la sombra de lo que fue, lo que olvidaste y lo que nunca sera otra vez.