Yo no hablo de estar contigo toda la vida, eso hace tiempo
lo olvidaste; tampoco hablo de susurrarte los mil te amo que aun me sobran en
los labios, si no de devorarte las entrañas con un vaso de licor. ¿Recuerdas
los paseos lluviosos por aquellas callecitas vacías de la ciudad? Jugábamos a
los amantes y quizás hasta fingíamos amor, cuando lo único que nos mantenía unidos
eran las ansias locas de poseernos una noche, con cada vaivén de las notas
musicales del fondo de tu habitación. No pretendo llegarte al corazón, cruzarme
en tu camino y en tu mirada; que el día menos esperado confundas su nombre con
el mío y al verte en sus ojos veas que no te ven como te veo yo. Hacerte saber
mis intenciones y sentimientos ya es una ilusión banal, pues mi lúgubre presencia
solo aspira a acompañarte cada día por el resto de la eternidad, ya sea en tu odio
o en tu olvido.